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viernes, 6 de agosto de 2010

Paris

- La cena estaba deliciosa, eres una cocinera excelente.

- gracias!

- dejame ayudarte a recoger

- No no no, quedate ahí, ahora vuelvo

- de acuerdo...

Se quedo sentado, y mientras esperaba echo un vistazo a la habitación. En las paredes había varias fotos, de diferentes tamaños. Algunas en blanco y negro, otras en color, y fue entonces cuando recordó que ella le dijo que había estudiado fotografía. Mientras ella preparaba café, el se levanto y comenzó a mirarlas de cerca.

- ¿tu hiciste estas fotos?

- emmm, sí ¿te gustan?

- sí, son preciosas...

- siempre soné con vivir en París...

- ¿que te detiene?

- la realidad ¿no es lo que suele interponerse en los sueños?

- no sabría decirte...

- vamos Max... debes querer algo... - dijo ella mientras le daba una taza de café -

- supongo... Todo lo que quiero es ser útil, y por una vez, lograr un cambio de verdad....

- tendrás tu oportunidad...

Se miraban y sonreian de forma tímida, como si sin querer se hubiesen tocado el alma. El volvió a mirar las fotos timidamente y con evidente nerviosismo...

- nunca estuve en París...

- oh, pues entonces te estas perdiendo algo... todo el mundo debe ver París al menos una vez

- ¿que tiene de especial?

- no es fácil de describir...

- cuentame...

- emmm.... es el aspecto de las calles y las luces en las ventanas... y la lluvia... la forma en que quedan las gotas en las pestañas... todo se convierte en una pintura... ya sabes, es París...

Mientras hablaban, la distancia entre sus bocas se extinguía, hasta que por fin sus labios se tocaron y amanecieron junto a los recuerdos de París. El se sintió como si ya la conociera, y ella por fin había cumplido su sueño de vivir allí...

lunes, 28 de junio de 2010

Once upon a time...

E
rase una vez, hace mucho mucho tiempo, pero de alguna forma en un futuro cercano, un jovencito viajero se dispuso a acampar al pie de la montaña. Monto la tienda de campaña, hizo una hoguera, y se preparo un poco de caldo para mantenerse caliente en una apacible pero fría noche estrellada.

Después de saborear el caldo como si fuera un manjar, cogió aguja e hilo y comenzo a remendar sus botas, eso si, muy cerca del fuego para mantenerse caliente y para ver mejor. Cuantas millas habían recorrido esas botas... Desde el Oeste hacia el Este, pasando por los escarpados territorios del Norte hasta llegar al imperio del Sol naciente, tierra donde el pasado se fundia con el futuro. La belleza de los cerezos en flor o las fuentes termales de Arima, al norte de la ciudad de Kobe eran recuerdos a los que recurría en frías noches como esa, por que era lo que le animaba a seguir adelante....